SEGURIDAD CIUDADANA, PANDEMIA Y FACTOR POLITICO, HUMMM…..

Recordando el tan trillado slogan “La Seguridad Ciudadana es responsabilidad de todos”… u otra
que decía“ “ …. es tarea de todos”, etc, contextualizando más adecuadamente, la seguridad
ciudadana son condiciones, económicas, sociales, políticas, culturales y condiciones de policía
que permitirán encaminar al pueblo hacia una adecuada convivencia ciudadana; quienes
vivimos en nuestra amada patria, hoy en día, estamos pasando un duro momento de
desasosiego y es una verdadera prueba del sentido de pertenencia de sus actores pero también
de evaluar su capacidad de asombro.
Pues bien, el contexto y escenario actual, en una inicial epidemia sanitaria, local y luego regional
asiática, convertida en una letal pandemia global, por supuesto que afectó las condiciones de la
seguridad ciudadana. Perversa circunstancia que permitió conocer en los países del orbe,
verdaderamente las dimensiones de las administraciones públicas y la construcción de sus
institucionalidades alojadas en sus estructuras orgánicas, generando desconcierto y desorden
social en menor y mayor medida.
En nuestro medio, la realidad del sistema de salud en todos sus componentes, se percibe tan
paupérrimos, situación cruel para los usuarios, y eso que nos tenían acostumbrados a un nivel
de victimización alarmante, colas, falta de camas, cáncer, renales, laboratorio y muchísimos
etcéteras; descuidada por muchos años dolosamente, o, al menos negligentemente soliviantada
por políticas publicas erróneas e improvisadas, esencialmente politizadas y disputadas por el
interés económico y/o político, en el gran marco de la subcultura de la corrupción endémica,
sitial que tenemos históricamente.
Sin duda alguna, esta tragedia es más que suficiente para que una colectividad adoptase
actitudes proactivas de involucramiento y compromiso con la defensa y protección de todos,
gobernantes y gobernados desde su sitio de actuación social, y así ocurrió en un principio en
nuestro medio también, inspirados y sensibilizados en la desventura que vimos en tiempo real
sufrido por los europeos; donde la solidaridad, coordinación, disciplina, acatamiento,sinergia y
casi nula especulación, se apodero del colectivo ciudadano, pero lo nuestro fue un espejismo y
nada más que eso.
Claro, afloró lo que en naturaleza tenemos en nuestra sangre, con sus diferentes matices y
características socio-económico-culturales en la región, y se refleja penosamente con mayor
acentuación en nuestro medio, por todo lo que hacemos como sociedad, claramente
anteponiendo los intereses de grupo y personales en desmedro del interés nacional, todo ello,
en la plataforma de la política, que si bien siempre debe existir en democracia, pero que muchas
veces es perversamente utilizada y ahora con una agravante que lastima las fibras más
profundas de la sensibilidad de nuestra sociedad; es decir pandemia más pugnas políticas.
Qué? fácilmente se diluyen en muchos, y qué? descaro en otros muchos, pretender que los
recuerdos de los terribles conflictos sociales que generaron luto dolor y trauma en la familia
boliviana, se aíslen de la conciencia nacional lo ocurrido hace poquísimos meses,
acontecimientos luctuosos que devinieron de un hecho generador fáctico, como la vileza, abuso
y un planteamiento oblicuo de bienestar y progreso que pudo ser bueno pero se obnubilo por
el prorroguismo y el carácter autocrático, siendo el punto de inflexión las eleccionario del
octubre pasado.
Entonces, que podemos decir cuando las acciones jurídicas por el estamento político primigenio
de la función legislativa, son conducentes a controversias y polarizar los afectos y desafectos de
los bolivianos y bolivianas, como la disputa de las competencias constitucionales para la
promulgación de las leyes, el ascenso estancado de militares, dificultades para lograr la gestión
de financiamiento internacional para el tema COVIT 19, generación de normativa respecto a la
dióxido de cloro, porfiando un tema técnico-científico por un aspecto normativo, los alquileres
de inmuebles para vivienda y comercio sin mirar la integralidad de la problemática en
prospectiva, el forzado plazo para las elecciones nacionales marginando la opinión científicamedica,
cerrando los ojos ante la realidad nacional, situación que ha arrastrado a los miles de
incautos y olvidadizos, pero también a los malintencionados e irresponsables, si, es así, como en
tiempos de la anterior normalidad tenemos mítines, bloqueos, marchas, robos, y ahora hasta
atentados terroristas.
Por otro lado los esfuerzos también normativos y de gestión para llevar adelante la
gobernabilidad y la buena transición que tiene que fortalecer nuestra democracia, luego de
superar satisfactoriamente y con nota alta una pacificación que parecía incierta, pues ahora
pareciera que ambos elementos, transitan en calles muy pedregosas y cual ruedas metálicas de
ese carro, hacen sentir una dureza y bulla que se traducen en las vicisitudes actuales que
intranquilizan y ponen en vilo la tan ansiada seguridad ciudadana que todos necesitamos y cuya
primera línea de atención – y siempre fue asi- será nuevamente la institución policial, la única
que tenemos, en cuyas espaldas recaerá, esto que parece una carga social consuetudinaria
colocándolos siempre al medio de las inconformidades e impotencias interesadas y sobre todo
la incapacidad de conciliación y coordinación para lograr lo que muchos países ya lo hicieron, la
paz publica en democracia y la resolución de conflictos por medios no violentos.
El reciente pasado mes de Octubre, plasmo real y objetivamente la incongruencia que existía
y existe entre los dos tercios legislativos y la voluntad popular, es una traducción veraz de la
democracia representativa y participativa que no debe extraviarse en tiempos de pandemia,
como no debe extraviarse el sentido de pertenencia a nuestra Patria y recobrar la capacidad
de asombro, por todos los actores, esto siempre le dará coherencia a la variable dependiente
que es la seguridad ciudadana, valor y patrimonio público que solo apreciamos cuando estamos
a punto de perderlo.
ARIEL TORREZ GUERRA
ES LICENCIADO EN ADMINISTRACION SUPERIOR EN SEGURIDAD PÚBLICA

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