LEALTADES CIRCUNSTANCIALES.Opinión.Marcelo Chinche Calizaya

Es recurrente apreciar en el quehacer cotidiano, conductas encuadradas en lograr objetivos y metas   mutuamente a los accidentales aliados. Más allá que tales prácticas, alcanzan matices particulares en el siempre complejo, pero al mismo tiempo, pintoresco escenario político, donde se evidencian valores y principios, cuya firmeza, certidumbre al igual que su eficacia, penden de un frágil hilo delgado, pues queda a diario expuesta y supeditada a la vigencia de aquellas lealtades circunstanciales.   

La esfera política denota la presencia de alianzas y pactos basados en preceptos muy ajenos de sinceridades honestas y consecuentes, dado que a ellas se anteponen afanes de agenciar el poder inescrupulosamente;a costa incluso de cruzar “ríos de sangre”, hábilmente instrumentalizadas por los “gurús virtuosos” que trazan las directrices al interior de los partidos, agrupaciones, frentes, organizaciones, sindicatos y otros, sellando uniones coyunturales.

Ello explica, las forzadas e incompresibles alianzas ocasionales y efímeras, promovidas al calor de intereses cifrados en lograr espacios de control, proporcionando sentido a tantas formas híbridas que van desde los bipartidismos hasta los pluralismos moderados; cuyas características, generalmente estriban en laconfiguración de pautas de interacción que buscan enfrentar a aquella fuerza política hegemónica detentadora del poder, aún incluso a costa de ir soslayando preceptos ideológicos que originaron su constitución.

Al parecer, estas dinámicas son ampliamente utilizadas para resolver cuestiones que gravitan en la necesidad de sobrevivencia y cobrar vigencia en el círculo político, hasta compartir –aun forzadamente- espacios ideológicos a modo de coincidencias; aunque bajo ninguna circunstancia, arriesgan la pérdida de la necesaria y suficiente autonomía para ensayar un variado juego de maniobras de “acomodo” y “reacomodo” que, por un lado, podrían favorecer la vigencia de los acuerdos, o en un otro sentido, ahondar las diferencias, rupturas y resquebrajamiento de acuerdos. Sin duda, ambos extremos parecen proporcionar a los líderes políticos ciertos grados de flexibilidad y condicionantes dinámicas a los que podrían recurrir en todo momento.

Todo ello,conduce a ser cuidadosos a la hora de ver al “otro” como enemigo irreconciliable, pues debe quedar claro que las diferencias y discrepancias son estrictamente ideológicas –no así personales- y en cierta forma, coyunturales; dejando abierta la posibilidad y oportunidad de trabajar y compartir una agenda política futura, rescatando sus potencialidades y aportaciones críticas, para reconducir procesos, evitando encerrarse en círculos pequeños o quizá creer ser dueños de la verdad. Esto último, suele impulsar la constitución palaciega de adulones, cuya tarea es construir imaginarios sobredimensionados para erigir erróneamente “caudillismos endiosados” que buscan imponer arbitrariamente una sola visión de la realidad.

De hecho, aquel político que soslaye, ignore y no desarrolle cualidades virtuosas para este quehacer, definitivamente jamás tendrá éxito en las controversias políticas y, aún menos condiciones suficientes para ejercer un liderazgo, capacidad para dirigir e influenciar a sus seguidores para tomar y mantener el poder.

En todo caso, la carrera por alcanzar el poder, involucra a ciertos actores políticos con amplias posibilidades de triunfar al igual que aquellos “otros”, conscientes de su escasa o nula posibilidad;aunque su participación puede viabilizar y facilitar triunfos sobre la base de alianzas estratégicas coyunturales, mas no trascendentales; dado que están inclinadas a la búsqueda de ventajas y favorecimientos en la distribución de espacios en el que conviven fantasmas del pasado, problemas del presente e incertidumbres sobre el futuro y, como no podría ser de otro modo, la temporalidad de adhesiones y lealtades circunstanciales.

MGR. MARCELO CHINCHE CALIZAYA

CATEDRÁTICO UNIVERSITARIO E INVESTIGADOR

COLUMNA ENTRELINEAS

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